En estos días previos al inicio de la Cuaresma, nuestra Virgen del Primer Dolor ya ha sido ataviada de hebrea, como signo visible del tiempo de conversión y preparación que comenzaremos el próximo Miércoles de Ceniza, 18 de febrero.
Este cambio es un gesto que nos invita a adentrarnos en el camino cuaresmal con sencillez, recogimiento y oración, acompañando a María en su dolor y permaneciendo junto a Ella en la espera confiada.
La Cuaresma es tiempo de preparación interior, de silencio y de volver el corazón a Dios. Un tiempo para despojarnos de lo superficial y revestirnos de lo esencial, como nos recuerda la Palabra:
“Convertíos a mí de todo corazón, con ayuno, con llanto y con luto” (Joel 2,12).
Que el contemplar a nuestra Madre nos ayude a iniciar este camino con un corazón dispuesto, viviendo estos cuarenta días con fe, compromiso y esperanza.
Que Ella, Virgen del Primer Dolor, nos acompañe y nos sostenga en este camino hacia la Pascua.
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